21 de julio de 2010

Ramòn


"Aquel que es cruel con los animales se vuelve difícil también en su trato con los hombres. Podemos juzgar el corazón de una persona por la forma en que trata a los animales." Emmanuel Kant

El Chato murió apenas cumplidos los 17 años. Murió de manera trágica e inesperada. Murió en un accidente automovilístico. Era mi mejor amigo.
Cuando Ramón murió, tenía menos de 2 años. Si 1 año en el ser humano, representan 7 en un perro, Ramón tenía 14 años, es decir, un adolescente. Ramón, murió de manera trágica e inesperada. Murió envenenado. Era mi amigo y mi compañero.

Los dos, murieron jóvenes y vivieron rápido. Los dos, murieron injustamente. Quizá, suene exagerado comparar un ser humano con un animal, sin embargo, cuántos animales, valen mucho más la pena, que cualquiera de nosotros…

Leí por ahí, algo muy cierto, “un perro promedio, es mejor persona, que una persona promedio”, no aplica para este caso. La pérdida de ambos, me deja un profundo vacio, un constante dolor. Los dos, en distintas épocas, en diferentes circunstancias, y siendo de distintas naturalezas, eran mis amigos. Y sin amigos, uno no es nadie, nada.

La muerte de Ramón ha sido devastadora. Era amigos de todos. Quisiera pensar que su muerte no fue a propósito, y sí, un descuido. Pero comprobado está que, el ser humano no es bueno por naturaleza. Los desquiciados abundan. Nada derrota a la maldad.

Ramón murió injustamente. Se trataba de un perro carismático, querido y conocido en el barrio. Poseía cualidades envidiables; leal, respetuoso, valiente, cariñoso, alegre, seguro, sociable, optimista, generoso, limpio.

En menos de 2 años vivió intensamente. Primero, sufrió el abandono temporal de su madre (humana), eso motivo para que aquella curiosa mascota cayera en mis manos. Una vez en casa, siempre recibió atención y cariño. Ni siquiera le dio tiempo de volver a sufrir cuando yo tuve que irme a Europa, porque de manera instantánea, mi amigo Paz y Ramón se hicieron buenos amigos, los mejores. Sin embargo, no se salvaría una vez más de la maldad humana, fue raptado por unos días a cargo de un desalmado. Los desalmados abundan.
Al regresar, me uní de nueva cuenta a la jauría, y días tras día convivimos con él como uno más de la familia, uno más de la banda.

Ramón, era un perro sociable, a nadie sorprende que los humanos somos insoportables, y sin embargo, él se adaptaba a las fiestas varias que ocurrían en aquella casa, convivios, (orgías) comidas, etc. Convivía con todos (as) y con todos (as) se divertía. Cuando entró a la adolescencia, se encariño con todas las piernas del mundo, quiso montar a las perras más grandotas del barrio, incluso, se mostró confundido al intentar montar perros de su mismo sexo. Pero el destino tenía algo mejor preparado para ese perrazo, su destino se llamaría Lili.

Es difícil escribir cuando todo ha sucedido tan deprisa. Escribir sobre la ausencia de alguien a quien se quiere, duele, y por consecuencia siempre lleva al llanto. A Ramón le lloramos todos. Recordar es volver a despedirse y siempre recordaremos sus efusivos recibimientos, su cabeza y sus orejotas restregándose contra nuestras manos ante la indiferencia. Echaremos de menos los paseos por la mañana, los paseos a la presa, los paseos de madrugada, los saltos de improvisto a la cama, su energía desbordada, la espera diaria. Extrañaremos su presencia por las mañanas a la salida de los cuartos, la urgencia por salir a dar un paseo, su cuerpo alargado tendido en la sala, su cuerpo alargado bocabajo y tendido en los colchones, la extraña manera de sentarse, su mirada compasiva y paciente, las charlas nocturnas cuando llegaba borracho, los domingos de completo ocio y holgazanería, en que los dos nos echábamos a ver el televisor y comer chatarra. Y como olvidar sus huelgas de hambre. Porque con Ramón aprendí que, no movía la cola por una croqueta, no se subía a las piernas, ni te lamía por un trozo de carne, no, a Ramón poco le importaba el alimento, había que obligarlo y suplicarle para que comiera. La buenaondes de Ramón iba más allá de un pedazo de comida. Una caricia sobre su lomo, en las orejas, o bajo la panza, bastaba.

Quisiera borrar las últimas imágenes que tengo de Ramón. Fueron terribles. Vi a aquella criatura luchando por su vida cerca de una hora. Luchando como un guerrero contra el veneno que recorría todo su organismo. Debatiéndose el pellejo por el puto veneno que destrozaba su sistema nervioso y que hacía pedazos su vida. De nada sirvieron las 4 inyecciones que aplicó el veterinario, intentando, primero, tranquilizarlo de las fuertes convulsiones, para después intentar salvarle la vida. Me encontraba perplejo, quise salir a tomar el aire, el doctor me detuvo, “no te vayas, necesito que él sienta tu presencia”, dijo y me quede. Los ojos de Ramón reflejaban cansancio, pero además incertidumbre -¿por qué a mi? seguro se preguntaba-, eran ojos de tristeza, de sufrimiento. Sus últimos minutos se portó siempre valiente, ningún quejido, ningún aullido. Intento seguir peleando contra las violentas contracciones y temblores. Pero fue demasiado, los guerreros también se cansan. Un último ataque, ocasionó un paro respiratorio y puso fin a un ser extraordinario en todos los sentidos, un perro que llenó de alegría a más de alguno.

“Únicamente la carne muere y se transforma, el espíritu perdura y continúa construyéndose sobre sí mismo a través de encarnaciones infinitas y sucesivas en su eterno ascenso hacia la luz”. Jack London.

Mejor recordar su penúltimo día. El paseo que hicimos al campo. Había sido un domingo maravilloso, soleado. Mientras el sol acariciaba nuestras caballeras y el viento soplaba suave, Ramón desbocado corría por todo el llano, saltaba cultivos y vallas, jugaba a las luchitas con Lili, revolcaba a Lili en un pequeño estanque, -lo regañe por abusivo- , ladraba a las vacas que pastaban quitadas de la pena, correteaba a unos perros mugrosos, perseguía a unos caballos que corrían a todo galope, se enlodaba las patas, el lomo, las orejotas; de vez en vez, daba pequeñas y tiernas mordiditas a Lili en sus orejas, de vez en cuando se echaba encima de nosotros y nos ensuciaba los pantalones. La tarde caía, el cielo se tornaba gris, morado y negro, las nubes nos bombardeaban con goterones que se estrellaban con fuerza. La tarde había llegado a su fin. Había sido un lindo día.

Fue una despedida perfecta, estuvimos los que teníamos que estar. Los mejores amigos de Ramón reunidos; Martha (primera madre), Lili (novia de Ramón) y yo…y más tarde y por azares de la casualidad, Paz (su amigo del alma) nos encontró.

Fuimos a casa, cansados, pero todos llevábamos en el hocico una sonrisota. Al llegar, todavía nos dio el tiempo de ver una película, El Dorado, se titula, no es la gran cosa, pero una imagen nos conmovió, un perro doverman es lanzado desde un puente al coche del personaje principal, éste intenta salvarlo, en vano, porque la siguiente imagen, de nuevo el personaje central, dignamente cava una pequeña fosa para el malherido perro.

En el vaivén de los días, he aprendido que uno nunca debe fiarse de los días perfectos, van de la mano a una próxima desgracia. Las artimañas que tiene preparado el destino, son incontables. Jamás nos imaginamos que un día después, Paz y yo, estaríamos recreando la misma escena de la película, en el mismo lugar donde un día antes Ramón y Lili eran los perros más felices del mundo y nosotros también.

……

Lili, vive en casa, duerme casi todo el día. Cuando despierta, busca a Ramón y enseguida se devora todas las croquetas, come en abundancia. A diario le tocamos el vientre, algunos ya escuchan latir varios corazones…. Al tiempo.

Hasta nunca, Mon.

7 comentarios:

inmoral dijo...

Ahijado, seguro ramón renacerá en el vientre de su novia, así es de loca la naturaleza.

ALe Lara dijo...

Ramón fue un perrito muy afortunado por tenerte a tí y a tus amigos que lo querían y cuidaban. Recuérdalo siempre con mucho cariño...

luis manuel paz dijo...

:(

Sandra Balaam dijo...

Mis condolencias, lo he vivido, viví a perdida del compañero más fiel.
Abrazo para Chava y Luis.

Gilberto Pizarro dijo...

Maldita especie humana ..... afortunados aquellos que conocen el cariño de un perro.

"I would rather be ashes than dust!"..

Un buen texto para un gran amigo.

Gilberto Pizarro dijo...

Maldita especie humana ..... afortunados aquellos que conocen el cariño de un perro.

"I would rather be ashes than dust!"..

Un buen texto para un gran amigo.

Liliana dijo...

Que bonito texto Chava, me conmoviste profundamente. Que el tiempo cure poco a poco la ausencia. Un abrazo.